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Bernardo de las alturas, conquistó el Everest hace 25 años

El 25 de mayo de 1998 Bernardo Guarachi Mamani llegó a la cima del mundo. Tuvo que recorrer mucho trecho para llegar al Everest. Fue el primer boliviano en conseguir esta proeza, pero no se quedó quieto. Continuó trepando una a una las cumbres más altas de la Tierra. Hasta que el 9 de enero de 2020 conquistó el Macizo Vinson, en la Antártida, uno de los siete gigantes mundiales.

$!Las botas que usó en la Antártida valen 1.500 dólares.

El punto de partida de su historia fue Patacamaya, trepó una infancia pedregosa y se alimentó de ilusiones en su juventud. Conoció el mundo, siempre viéndolo desde el cielo.

Rocosa niñez, juventud rebelde

Bernardo nació el 4 de diciembre de 1952 en Patacamaya, pueblo de la provincia Aroma, en La Paz. Es hijo de Paulo Guarachi y Gregoria Mamani.

Cuando era niño perdió a su madre. Poco tiempo después el destino lo llevó con engaños a Chile, donde conoció a una familia que lo cobijó.

“De mi niñez no quiero hablar mucho porque fue bien triste. Ha sido la parte más difícil de mi vida”, comenta Guarachi. Luego narra a retazos su vida: “Yo era niño y me llevaron; en Chile estudié en la Escuela Mixto número 18 República de Israel, de Arica”.

Según su relato, Bernardo formó parte de una familia numerosa y creció cerca del mar. Trabajaba y era travieso. “Siempre me encantaba salir de la casa y hacer algo fuera”, explica.

En 1973 Chile vivía tiempos de revolución y represión. El 11 de septiembre de ese año cambió la historia del país vecino.

Rememora: “Fue muy fuerte el derrocamiento. Yo era joven entonces y hubo muchos buscados. Todos los jóvenes eran malos para el gobierno de Pinochet, los militares veían pelo largo y acusaban de comunista”. En Arica “los jóvenes se han ido a Europa y una mayoría a Venezuela; yo entonces me preguntaba ‘¿a dónde voy a ir?’”.

Cuando se le consulta si él tenía alguna tendencia de izquierda, sonríe y responde al instante “no, no era comunista”. Aclara: “De esa época, cuando Salvador Allende era presidente, yo no tenía nada que ver; pero en la familia donde crecí, el padre era socialista y el hijo también, a ellos los han torturado”. Eso sí, se declara culpable por andar a la moda, es decir con el cabello largo. Al régimen militar no le gustaba la rebeldía y quería uniformar las ideas y las cabezas, por eso le cortaron el cabello.

Brilla un diamante

En 1974, mientras Pinochet buscaba imponerse a la fuerza, Bernardo decidió volver al país, a sus raíces. Así lo hizo. Llegó y su familia hizo las paces con él.

Hubo un viaje en un colectivo que le cambió la vida: “Estaba en la carretera de Patacamaya a La Paz, yo me había dormido y cuando desperté mis ojos se abrieron prácticamente de frente al Illimani y al Mururata. Hermoso brillaban las dos montañas. Para mí eso fue un sueño. Vi que el sol salía de detrás del Illimani, brillaba como un diamante. Fue un sueño a primera vista”.

Entonces él era veinteañero y la ciudad de La Paz era distinta, los oficios tampoco eran los que hoy se conocen. El montañismo daba sus primeros pasos y conquistar el Illimani, como soñaba Bernardo, no era una tarea común.

Cuando llegó a la ciudad le contó a un amigo su visión, el Illimani convertido en diamante. “Él me llevó a una oficina en El Prado, por entonces no había turismo de aventura y se estaba abriendo una agencia, creo que se llamaba Bolivia 6.000”, cuenta.

A cargo de la agencia estaba un joven español. “Hablamos un poquito, ni siquiera averiguó muchas cosas de mí, ni yo tampoco de él. No he dicho para qué me estás contratando ni nada, tampoco dije cuánto me vas a pagar, todo fue a ojo cerrado”, recuerda.

Días después llegó a la agencia un grupo de alemanes y Bernardo los fue a recoger al aeropuerto. “Los gringos eran barbudos y tenían ropas hermosas de pluma. Pasaron unos tres días y querían ir al Condoriri”, relata Guarachi con una memoria casi perfecta para sus más de 70 años.

Esa primera vez sólo los acompañó un trecho. “Han subido con un guía y yo no tenía materiales, cuando se alejaron yo me puse a jugar en el glaciar”. Fue su primera expedición a las montañas. Tuvo más travesías y se convirtió en experto. Fue al diamante del Illimani más de cien veces.

Aventuras en alturas

En agosto de 1978, si la memoria no le juega una mala pasada a Bernardo, tuvo su primer rescate inolvidable. Su jefe español lo envió al Illimani a rescatar a un montañista alemán que había caído.

Tras el ascenso tuvo que bajar por una grieta donde supuestamente cayó el montañista. Evoca: “Yo pedía cuerda y exploraba, cuando encontré al muerto, no sabía cómo reaccionar, me quedé sin habla. Quedé en shock”. Sacó al alemán, pero no puede desprenderse de esa imagen.

Al poco tiempo, un amigo alemán lo invitó a ir a Europa para especializarse. “No sé cómo he conseguido la platita para el pasaje, pero lo hice. He vendido cositas y logré comprar un pasaje de ida; para la vuelta no importaba”, rememora Bernardo. Allá se capacitó y obtuvo su certificado de montañista. Volvió al país.

Un accidente lo hizo conocido en el mundo. “Era el último día del 84. Había ido a Patacamaya y cuando volví aquí, habrá sido el 1 o el 2 de enero vi publicada la noticia: Illimani puso fin al Eastern Airlines”.

Era amigo del cónsul de Estados Unidos en Bolivia y juntos planificaron el rescate. En el aeropuerto de El Alto debían ubicar dónde quedó el avión. “Habían sacado fotos un día antes y todo estaba sobre la mesa. Revisé las fotografías y me di cuenta en las fotos que había puntitos negros que no eran rocas”.

Se pusieron manos a la obra. Una parte del tramo en el Illimani Guarachi fue junto con el cónsul. Después avanzó con un par de escaladores. “Nada se podía ver, todo estaba nublado, pero sentía el olor del combustible. Estábamos cansados, pero caminamos rumbo al lugar del accidente hasta que encontramos el avión en pedazos. Pensábamos que podía haber algún sobreviviente, pero todo estaba deshecho”, rememora.

$!El montañista boliviano (al medio) tras conquistar la cima del Everest.

El Everest

Guarachi soñaba con escalar el Everest. Durante una feria en Alemania él visitó el stand de Nepal y se fue enamorando del reto: conquistar la montaña más alta del mundo, a 8.848 metros sobre el nivel del mar.

Contó su idea a un grupo de estadounidenses y recuerda que dibujaron en una servilleta cómo llegar allá. Consiguió dinero y emprendió la conquista.

Tuvo dos intentos fallidos, en la segunda ocasión llegó hasta los 8.200 metros, el último tramo quedó solo y era imposible avanzar más. “Al Everest le dije, ahora no se pudo, pero al próximo año vuelvo; al año siguiente tampoco se pudo y esperé cuatro años”.

En 1988 fue solo y ya no en grupos. El 19 de mayo estaba a cien metros de la cima; pero no pudo. “El 23 regresé hacia la cima, un día después llegué al último campamento y dos escaladores de Singapur partieron antes; llegamos al sitio donde antes nos rendimos. Estábamos a las cuatro de la mañana y una hora después partí; llegué a las 5:55”.

Aguardó a los montañistas de Singapur pues, una regla en la altura, para conquistar definitivamente la montaña hay que compartir experiencias en la cima.

En Bolivia Guarachi se convirtió en orgullo nacional, se le dio el Cóndor de los Andes y dos sellos de correo tienen su rostro.

$!Uno de los dos sellos que conmemoran a Guarachi.

Con los años siguió escalando y conquistó las siete montañas más altas del mundo en 2020. Hoy descansa, tiene una vida más relajada en su agencia de viajes. Eso sí, le gusta hablar de esas proezas, después de todo, hay que contar las experiencias en la cima y en la superficie.

“Para mí eso fue un sueño. Vi que el sol salía de detrás del Illimani, brillaba como un diamante”.

Bernardo Guarachi

“De mi niñez no quiero hablar mucho porque fue bien triste. Ha sido la parte más difícil de mi vida”.

Bernardo Guarachi

Vía: PÁGINA SIETE

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